Cuentos Épicos

| martes, 30 de abril de 2013

En la pestaña de "Antigua Vamurta", arriba, tenéis los 19 fragmentos que componen el relato fantástico y épico de Tanos.

La Guarida
TAONOS (XVI)
Relatos épicos
16 de 19
cuentos epicos
By Igor.
  Los supervivientes de las Gargantas se apelotonaron a un lado del camino, sobre la ladera que descendía escarpada, apostados en la espesura, seguros de no ser vistos. Pronto escucharon a una avanzadilla de montañeses acercarse junto a sus odiados lobos, que husmeaban el camino con enorme excitación. El gobernador ordenó no atacar, creyendo que detrás de ellos llegaría el grueso de ese grupo de vanguardia. Y así fue, mientras los lobos del primer grupo aullaban, sabiendo que algo se ocultaba detrás de los árboles, y sus amos miraban en todas las direcciones sin saber muy bien qué sucedía aún, llegaron en tropel más salvajes, más preocupados en la velocidad de la persecución que en evitar sorpresas.
Cuando una nube de dardos y flechas les cayó encima, ni tan siquiera supieron de qué lado llegaban. La falange, en tres líneas bien hilvanadas, emergió en el borde del camino, cayendo sobre sus enemigos como un temporal que hunde un esquife en el fondo del mar. Los lobos, rápidos, huyeron hacia el crepúsculo.
Sin poder examinar a los enemigos caídos, el gobernador ordenó seguir hacia Taonos, donde juzgaba, tendrían una oportunidad para defenderse tras los muros de la fortaleza vacía.

   Antes que las estrellas perforaran con sus destellos el cristal de la noche, el joven veguer distinguió la masa compacta de los muros que les iban a dar refugio. No los habían alcanzado. «¡Un último esfuerzo! Olvidad vuestras fatigas. ¡Un poco más!», rogó a sus hombres.
Subieron la loma del castillo y entraron por el agujero de la puerta con la fuerza de una avalancha. Se oyeron gritos. ¡Taonos volvía a estar habitada! Hombres, viejos, niños y mujeres salieron corriendo, sin poder escapar, pues estaban atrapados en su propia guarida. La tropa del gobernador, también sorprendida, parecía indecisa entre tanta algarabía. Se mandó a la infantería y a los arqueros guardar la muralla, y a los hostigadores recluir a los habitantes en el Salón del Trono. Hecho esto, el gobernador se dirigió hacia allí.
Un murmullo de voces angustiadas lo recibió, cuando se presentó sucio y todavía jadeante, manchado de sangre, ante sus prisioneros. Amenazados por los cuchillos cortos y anchos de los hostigadores, las gentes de Taonos agachaban la cabeza, apiñados, sabiendo que su suerte estaba echada.
Quedan 3 fragmentos para el final.

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